Cuando razones se convierten en muros
Suscríbete Gratis Tus razones pueden ser legítimas. Tu infancia puede haber sido dolorosa. Puede que hayas crecido sin el amor que necesitabas. Puede que hayas sido abandonado, traicionado, maltratado, rechazado o herido por personas en quienes confiabas. Nada de eso debe ser minimizado. Tu dolor es real. Tu historia importa. Sanar no requiere fingir que lo que ocurrió no te hizo daño. Pero existe otra verdad: Tu dolor y tu potencial pueden coexistir dentro de la misma persona. La pregunta es a cuál de los dos permitirás escribir el resto de tu historia. Cada mañana, la vida coloca silenciosamente esa elección ante ti. Puedes cargar el pasado como una explicación de dónde te encuentras, o transformarlo en sabiduría para el lugar hacia donde te diriges. Quizás las excusas más peligrosas no sean las que son falsas, sino las que son completamente ciertas. Porque cuando nuestras razones son válidas, podemos defenderlas para siempre. Los demás pueden comprendernos. Pueden...