El Milagro Que No Vemos
Muchas personas están esperando un milagro. Un milagro para que un ser querido sane. Un milagro para conservar su trabajo. Un milagro para que la vida finalmente se incline a su favor.
Nos enseñaron que los milagros son algo raro. Algo extraordinario. Algo sobrenatural. Algo reservado para unos pocos afortunados.
Y así, esperamos. Esperamos que algún día llegue un milagro y lo cambie todo.
Pero ¿y si el milagro ya hubiera llegado?
¿Y si hubiera estado aquí todo el tiempo?
Nos hemos acostumbrado tanto al regalo de estar vivos que ya no lo reconocemos. Nos despertamos cada mañana y damos por sentadas precisamente aquellas cosas que, si las perdiéramos, llamaríamos milagrosas. La capacidad de ver. De hablar. De oír. De caminar. De respirar. De saborear. De tocar. De sentir. La capacidad de pensar, imaginar, crear, recordar y amar.
Imagina perder la vista. No volver a ver jamás el rostro de alguien a quien amas. No volver a ver un amanecer. No volver a ver el océano. No volver a ver las estrellas dispersas en el cielo nocturno. Luego imagina que una mañana abres los ojos y todo regresa. ¿Lo llamarías un milagro?
La mayoría de las personas lo harían.
Y, sin embargo, el milagro estuvo presente cada día antes de perderse. El milagro nunca estuvo ausente. Lo único que estuvo ausente fue nuestra conciencia de él.
La gran enseñanza del Zen dice que el verdadero milagro no es caminar sobre el agua. El verdadero milagro es caminar sobre la tierra. Sentir los rayos del sol sobre la piel. Beber agua cuando tienes sed. Tomar una mano. Decir: “Te amo”. Simplemente estar aquí.
La vida no es una colección de milagros. La vida misma es el milagro.
La belleza y el dolor. La risa y las lágrimas. La certeza y el misterio. Todo forma parte del privilegio de estar vivos.
Quizá la razón por la que pasamos por alto tantos milagros es porque los buscamos en otra parte. Buscamos el horizonte mientras estamos de pie en medio de uno.
Así que hoy, antes de desear una vida diferente, haz una pausa y observa la que ya tienes. Observa tu respiración. Observa los latidos de tu corazón. Observa las innumerables bendiciones que te rodean silenciosamente. Porque quizá la mayor ilusión sea creer que los milagros son raros.
El milagro no está esperando en algún lugar del futuro. Está latiendo dentro de tu pecho. Está respirando a través de tus pulmones. Está viendo a través de tus ojos. Está amando a través de tu corazón.
No eres simplemente testigo del milagro. Tú eres el milagro. Y este momento también lo es. Y esta vida también lo es.
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Autor: Mauricio "Mao" Correa
Páginas Web: rutaauno.com
Blog de Artículos: rutaaunoblog.blogspot.com

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