Si no es hoy, ¿cuándo?

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Uno de los mayores errores que cometemos en la vida es creer que tenemos tiempo. Y así, esperamos. Esperamos para comenzar. Para cambiar. Para perseguir un sueño. Para perdonar. Para decir lo que realmente importa. Para amar más profundamente. Para finalmente vivir esa vida que seguimos prometiéndonos a nosotros mismos.

Y mientras esperamos, la vida continúa. Tic. Tac. Tic. Tac.

Incluso mientras lees estas palabras, momentos preciosos de tu existencia se deslizan silenciosamente hacia la eternidad. Momentos que nunca volverán.

Protegemos nuestras posesiones, cuidamos nuestro dinero y nos preocupamos por perder cosas que muchas veces pueden reemplazarse. Sin embargo, gastamos nuestro tiempo con tanta despreocupación, como si tuviéramos una reserva inagotable.

Quizá una de las mayores ilusiones de la vida sea creer que siempre habrá otro mañana. Otra oportunidad. Otra conversación. Otro abrazo. Otra posibilidad de convertirnos en quienes anhelamos

El mañana es una promesa que la vida nunca nos ha hecho. El hoy es el regalo que ya nos ha dado.

Cada segundo que pasa se convierte en parte de un pasado al que no podemos regresar. Ninguna cantidad de riqueza, poder o arrepentimiento puede devolverlo.

Y, sin embargo, ¿con qué frecuencia estamos verdaderamente presentes en la vida que se nos ha dado?

Llevamos el ayer en nuestros pensamientos y perseguimos el mañana en nuestra mente, mientras el único momento en el que realmente podemos vivir pasa silenciosamente, sin que nos demos cuenta.

Mientras tanto, la vida continúa ofreciéndose ante nosotros. En la risa de alguien a quien amamos. En la calidez de un abrazo. En la belleza de un atardecer. En el milagro de una respiración más.

La vida no nos está esperando en algún lugar del futuro. Está sucediendo aquí, ahora, en este preciso instante.

Así que comienza aquello que has estado postergando. Da ese primer paso. Pronuncia las palabras que tu corazón ha estado guardando. Perdona cuando puedas. Ama sin esperar una mejor ocasión. Y recuerda que vivir plenamente no significa hacer más, lograr más o llenar cada hora de actividades. A veces, significa ir lo suficientemente despacio como para reconocer el extraordinario regalo de simplemente estar vivos.

No pases tu vida preparándote para vivir. Vive el presente. Sé agradecido. Ten valor. Ríe libremente. Ama profundamente. Sigue aquello que le da sentido a tu vida.

Porque algún día ya no habrá más mañanas. Y lo que importará no será cuánto tiempo tuviste, sino cuánta vida pusiste en el tiempo que se te concedió. Cuán profundamente amaste. Cuán plenamente viviste. Cuán hermosamente tocaste la vida de los demás.

El reloj seguirá avanzando. Pero este momento es tuyo. Y si no es hoy, si no ahora, ¿cuándo?

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Autor: Mauricio "Mao" Correa
Páginas Web: rutaauno.com
Blog de Artículos: rutaaunoblog.blogspot.com

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