Cuando razones se convierten en muros
Tus razones pueden ser legítimas. Tu infancia puede haber sido dolorosa. Puede que hayas crecido sin el amor que necesitabas. Puede que hayas sido abandonado, traicionado, maltratado, rechazado o herido por personas en quienes confiabas.
Nada de eso debe ser minimizado. Tu dolor es real. Tu historia importa. Sanar no requiere fingir que lo que ocurrió no te hizo daño.
Pero existe otra verdad: Tu dolor y tu potencial pueden coexistir dentro de la misma persona. La pregunta es a cuál de los dos permitirás escribir el resto de tu historia.
Cada mañana, la vida coloca silenciosamente esa elección ante ti. Puedes cargar el pasado como una explicación de dónde te encuentras, o transformarlo en sabiduría para el lugar hacia donde te diriges.
Quizás las excusas más peligrosas no sean las que son falsas, sino las que son completamente ciertas. Porque cuando nuestras razones son válidas, podemos defenderlas para siempre. Los demás pueden comprendernos. Pueden solidarizarse con nosotros. Incluso pueden estar de acuerdo en que tenemos todas las razones para permanecer exactamente donde estamos.
Pero la comprensión por sí sola no puede construir tu futuro. La solidaridad no puede reescribir el ayer. Y la validación, por importante que sea, no puede crear un mañana diferente.
En algún momento, sanar nos pide algo más. Lo que te ocurrió puede no haber sido tu elección. Pero lo que haces con lo que ocurrió sí te corresponde elegirlo a ti. Y ahí es donde comienza tu libertad.
La misma herida puede convertirse en una prisión o en una puerta. El dolor puede endurecernos o hacernos más profundos. Puede cerrar el corazón o abrirlo a una compasión que antes jamás habríamos podido comprender.
Tus cicatrices no tienen por qué convertirse en tu identidad. El pasado puede haberte moldeado, pero no es tu dueño. Así que honra lo que ocurrió. Llora lo que se perdió. Perdona cuando estés preparado. Sana a tu propio ritmo. Pero no le entregues al ayer la pluma con la que se escribirá el mañana.
Esta es tu vida. Preciosa. Temporal. Irrepetible. Y cada mañana que despiertas, la vida coloca ante ti otra página en blanco. ¿Qué escribirás en ella? ¿Seguirás permitiendo que lo que ocurrió ayer decida quién eres hoy? ¿O volverás a tomar la pluma en tus manos?
Tus heridas pueden explicar partes de la persona en la que te convertiste, pero no tienen la autoridad para decidir quién serás a partir de ahora. El pasado ya tuvo su turno. El resto de la historia te pertenece. Toma la pluma en tus manos. Escribe con valentía. Escribe con amor. Y nunca dejes de creer que los capítulos más hermosos de tu vida quizá todavía estén esperando ser escritos.
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Autor: Mauricio "Mao" Correa
Páginas Web: rutaauno.com
Blog de Artículos: rutaaunoblog.blogspot.com

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