Lo que dejamos atrás

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Piensa en alguien que haya tocado profundamente tu vida. Un padre o una madre. Un maestro. Un mentor. Un amigo. Quizás alguien que ya no esté aquí.

¿Qué permanece de esa persona dentro de ti?

Rara vez es lo que poseía o acumuló. Recordamos lo que dio. Su bondad. Su sabiduría. Su risa. La manera en que creyó en nosotros cuando nos costaba creer en nosotros mismos. Unas palabras pronunciadas en el momento preciso. Un simple gesto que nunca olvidamos.

La naturaleza nos ha estado mostrando silenciosamente esta verdad desde siempre.

Un árbol absorbe agua de la tierra y luz del cielo, pero lo conocemos por los frutos que da, la belleza de sus ramas y la sombra que ofrece. Un río recibe innumerables gotas, pero su grandeza se encuentra en lo que lleva consigo, en lo que nutre y en la vida que florece a lo largo de sus orillas.

Todo recibe. Todo transforma. Todo devuelve. Y nosotros también.

Recibimos amor, conocimiento, oportunidades, amistad y perdón. También recibimos decepción, pérdida, fracaso y dolor. Pero quizás lo que nos define no es lo que la vida nos da, sino aquello en lo que lo transformamos.

El conocimiento puede convertirse en sabiduría compartida. El dolor puede convertirse en compasión. El éxito puede convertirse en una oportunidad para alguien más. El amor recibido puede convertirse en amor multiplicado. Incluso nuestras heridas más profundas, una vez sanadas, pueden convertirse en el lugar desde el cual tendemos la mano a otro corazón herido.

Quizás por eso dar tiene tanto significado.

Por un momento, la vida deja de fluir solamente hacia nosotros. Comienza a fluir a través de nosotros.

Algún día, todo lo que acumulamos quedará atrás. Las posesiones cambiarán de manos. Los títulos y los logros se desvanecerán. Pero algo de nosotros puede continuar. En la persona que se mantuvo más erguida porque creímos en ella. En el corazón que se ablandó porque lo amamos. En la oscuridad que se volvió más luminosa porque llevamos nuestra luz.

Así que no te preguntes solamente qué te han dado los demás o qué te ha dado la vida. Pregúntate cómo puedes transformar lo que has recibido en algo que lleve luz, amor y significado a los demás.

Quizás el propósito de recibir nunca fue simplemente tener más, sino tener más para dar. Un árbol no come sus propios frutos. Un río no bebe su propia agua. El sol no brilla para sí mismo. Y quizás tampoco se nos dio esta vida únicamente para nosotros mismos.

Algún día, todo lo que hayamos acumulado desaparecerá. Que nuestros nombres sean recordados o no, no es lo importante. Lo que importa es lo que dimos mientras estuvimos aquí. Y si algo de nosotros permanece, que no sea en las posesiones ni en los logros, sino en los corazones que tocamos, en las vidas que ayudamos a elevar y en el amor que entregamos.

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Autor: Mauricio "Mao" Correa
Páginas Web: rutaauno.com
Blog de Artículos: rutaaunoblog.blogspot.com

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