Lo que cultivamos

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Somos cuidadosos con aquello que ponemos dentro de las cosas que valoramos. Protegemos nuestros hogares. Elegimos lo que entra en nuestros cuerpos. Cuidamos aquello que consideramos valioso. Sin embargo, muchos dejamos completamente desprotegido uno de los espacios más sagrados: nuestro mundo interior. Nuestra mente.

Imagina una caja vacía. Llénala de joyas y se convierte en un joyero. Llena esa misma caja de basura y se convierte en un basurero. La caja es la misma. Lo que contiene cambia aquello en lo que se convierte.

Quizá nosotros no seamos tan diferentes.

Cada día, algo entra en nosotros. Palabras. Imágenes. Música. Conversaciones. Opiniones. La energía de las personas y los lugares. Incluso los pensamientos que alimentamos repetidamente. Y nada de ello pasa por nosotros sin dejar una huella.

Alimenta continuamente la mente con ira, envidia, miedo, juicio, odio e intolerancia y, con el tiempo, todo ello comenzará a teñir el mundo que vemos. Nútrela con gratitud, bondad, perdón, humildad, compasión, belleza y amor, y un mundo diferente comenzará a surgir.

No necesariamente porque el mundo haya cambiado. Sino porque algo dentro de nosotros cambió.

Aquello que permitimos entrar repetidamente termina expresándose a través de nosotros. Se convierte en nuestras palabras. Nuestras reacciones. Nuestras decisiones. La manera en que tratamos a los desconocidos. La manera en que amamos. La manera en que nos vemos a nosotros mismos. La manera en que experimentamos la vida.

Así que elige cuidadosamente aquello que permites atravesar las puertas de tus sentidos y entrar en el santuario de tu mente. No todo merece entrar. Tu atención es sagrada. Protégela sabiamente. Aquello a lo que le das tu atención, le das vida dentro de ti.

Alimenta tu mente con aquello que deseas que crezca. Alimenta la paz. La compasión. El asombro. La verdad. El amor. Haz de tu mundo interior un lugar donde la bondad pueda crecer, el perdón pueda respirar, la paz pueda echar raíces y el amor pueda sentirse en casa.

Luego lleva al mundo aquello que has cultivado dentro de ti. Porque, tarde o temprano, aquello que dejamos entrar repetidamente se convierte en lo que llevamos dentro. Lo que llevamos dentro se convierte en lo que damos. Y lo que damos se convierte en parte del mundo en el que alguien más tendrá que vivir.

Así que llénate con cuidado. Llénate de belleza. Protege lo que es sagrado. Alimenta la luz interior. Porque aquello que cultivamos en el silencio de nuestro mundo interior termina convirtiéndose en nuestra ofrenda al mundo que nos rodea.

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Autor: Mauricio "Mao" Correa
Páginas Web: rutaauno.com
Blog de Artículos: rutaaunoblog.blogspot.com

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