El Mundo que Olvidamos Presenciar
En algún punto entre aprender a nombrar el mundo y aprender a sobrevivir en él, dejamos de verlo realmente. Aprendimos a decir “árbol” en lugar de sentir su sabiduría silenciosa. Dijimos “respirar” en lugar de maravillarnos ante el milagro de estar vivos. Etiquetamos todo, flor, cielo, agua, perro, cuerpo, y confundimos las etiquetas con la verdad. Pero ¿cuándo fue la última vez que nos detuvimos… no para identificar, sino para contemplar?
Caminamos por la vida rodeados de maravillas disfrazadas de cosas ordinarias. Un árbol no es madera y hojas, es paciencia, fuerza y majestuosidad enraizadas en la tierra. Una flor no es decoración, es belleza, arte y esencia expresándose sin palabras. Una respiración no es aire, es un puente entre el cielo y la tierra, una existencia entrando y saliendo del cuerpo, instante tras instante. Pero al nombrarlas, dejamos de mirar, de preguntar… de buscar. Como “siempre han estado ahí”, dejamos de escuchar, de cuestionar.
Y entonces la vida nos recuerda, no con suavidad, sino de manera inconfundible.
Cuando los pulmones se cierran, el aire se vuelve un milagro.
Cuando el estómago duele, la comida se vuelve sagrada.
Cuando el corazón se rompe, el amor revela su verdadera magnitud.
La gratitud suele llegar bajo la sombra de la pérdida, pero no tiene por qué ser así. No vivimos en un mundo sin milagros. Vivimos en un mundo que hemos olvidado cómo presenciar. Despertar no es descubrir lo que faltaba, es recordar lo que siempre ha estado aquí. Cada árbol, cada gota de lluvia, cada montaña, cada respiración, cada instante “ordinario” guarda una profundidad que trasciende las palabras.
Mira de nuevo. Siente de nuevo. Permite que el mundo se revele como si fuera la primera vez, con el asombro de un niño. Nota cómo el sol calienta tu piel, cómo la risa suaviza el peso que cargas, cómo la respiración te invita a regresar a tu cuerpo. La vida susurra constantemente. Muy dentro de ti, hay una inteligencia esperando a que regreses a casa.
Un día, todo lo que das por hecho ya no estará, tu respiración, tu cuerpo, las personas que amas, el cielo que nunca necesitó tu atención. Pero no tienes que esperar a la pérdida para recordar.
Despierta ahora. Cada momento ordinario es una puerta al asombro. La pregunta no es si la vida es milagrosa. La pregunta es si estás lo suficientemente aquí para presenciarla, lo suficientemente presente para sentirla, lo suficientemente consciente para experimentarla.
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Autor: Mauricio "Mao" Correa
Páginas Web: rutaauno.com
Blog de Artículos: rutaaunoblog.blogspot.com

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