Un Acto a la Vez
El mundo no cambia solo con truenos y revoluciones. Cambia en silencio. A través de manos que bendicen en lugar de herir… que levantan en lugar de apartarse. A través de gestos ordinarios que cargan con el peso de lo infinito. La verdadera transformación rara vez llega con estruendo; a menudo comienza en silencio, con un pequeño acto de amor.
Al amanecer, un anciano caminaba por una playa donde la marea había abandonado miles de estrellas de mar. El sol se levantaba, dorando la arena con una luz antigua y suave. Entre las estrellas de mar vio a un chico, sin prisa, levantándolas una por una y devolviéndolas al mar. Se movía como quien realiza un ritual sagrado, salvando el mundo latido a latido.
El anciano se acercó. “¿Qué haces?”, preguntó.
Sin levantar la vista, el chico susurró: “La marea las dejó aquí. Si no las devuelvo, morirán cuando el sol sea más fuerte”.
El anciano contempló la costa, abrumado por su impotencia. “Pero hay miles. No puedes hacer una diferencia”.
El chico sonrió, se agachó y tiró otra estrella a las olas. “Para esa, hace una gran diferencia”, dijo.
La mayoría caminamos por la vida creyendo que nuestros gestos son demasiado pequeños para la magnitud del sufrimiento que vemos. Que el mundo está demasiado roto. Que solo las instituciones, los gobiernos o los seres extraordinarios pueden sanar lo que duele. Pero los grandes movimientos de la historia no comenzaron con naciones, sino con individuos que se negaron a mirar hacia otro lado.
El océano recuerda cada estrella. La existencia recuerda cada acto de amor.
Cuando despertamos a la verdad de que todo está conectado, de que cada pensamiento, cada palabra, cada acción ondula a través del todo, comenzamos a comprender el poder místico que llevamos dentro. El amor no se mide en tamaño, sino en sinceridad. La pregunta nunca es: “¿Puedo cambiar el mundo?”, sino “¿Cambiaré la parte del mundo que yo toco?”
Puede que no seas capaz de sanar a todo el mundo. Nunca fue tu tarea. Pero si puedes sanar la parte del mundo que toca tus manos. Un alma. Un instante. Una estrella a la vez. Así regresa la esperanza. Así se mueven las montañas.
Mañana, una estrella cruzará tu camino, quizás como un desconocido, una carga, una herida, o una oportunidad de servir. Cuando suceda, ¿pasarás de largo… o te agacharás y la devolverás al mar?
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Autor: Mauricio "Mao" Correa
Páginas Web: rutaauno.com
Blog de Artículos: rutaaunoblog.blogspot.com

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